- ¿Cuánto?
- Once años.
- ¿Y qué decís que hizo?
- Robó un ómnibus de la terminal y manejó durante cinco horas.
Con ese u otros moldes, a las mesas familiares del domingo les debe haber costado esquivar el diálogo acerca de "Tamalito". La sorpresa (y la alarma, pero también cierto grado de comicidad) por la aventura que encaró el niño no sólo se patentó entre los tucumanos, sino que traspasó los límites de la provincia y se publicó en medios de todo el país y hasta del mundo.
Con títulos que denotaban asombro, los diarios se hicieron eco de la historia del pequeño que, pese a que los pies apenas le llegaban a los pedales, se las ingenió para sacar de la Terminal de Omnibus un colectivo de la empresa San Pedro de Colalao y manejarlo por las calles céntricas de la capital y por Banda del Río Salí.
"Causa alarma insólita travesura de niño argentino", publicó la agencia cubana Prensa Latina, con una crónica que mencionaba los detalles de la odisea del pequeño y subrayaba que no culminó con accidentes. También en Paraguay se sorprendieron con la noticia, que fue reproducida por el diario ABC Color.
Dentro del país, "Tamalito" también encontró lectores interesados. Medios de Buenos Aires, Bahía Blanca, Mendoza, Santiago del Estero y hasta la agencia de noticias Télam, entre otros diarios digitales y canales de televisión, relataron la historia.
Aburrido
El viernes a la noche, "Tamalito", (a su padre le dicen "Tamal") estaba aburrido. Nadie notó que había escapado del Hogar Eva Perón, donde estaba alojado desde hace algunas semanas, y cuando lo hicieron ya era tarde. El chico caminó rápido hasta la avenida Benjamín Aráoz y de allí hacia el oeste hasta llegar a la terminal de ómnibus. "Me di cuenta de que podía ir a visitar a un amigo que vive en Garmendia", contó. Pero como no tenía dinero para pagarse el viaje, resolvió el problema de una forma increíble.
No habían dado las 22 cuando un chofer de la empresa San Pedro de Colalao dejó el interno número dos en uno de los andenes. Como el colectivo volvería a hacer el recorrido al otro día, el conductor dejó las llaves colocadas y la puerta semicerrada. "Siempre lo hacemos así, acá hay seguridad", explicó uno de los empleados ante LA GACETA.
El chico vio que la puerta de la unidad no estaba del todo cerrada y no lo dudó. Subió, acercó el asiento lo más posible al volante y arrancó la unidad. "Iba casi parado, pero llegaba bien a los pedales", manifestó. Comenzó así una travesía que duraría cinco horas. Salió de la terminal y se dirigió a Banda del Río Salí. "Iba a ir a visitar a mi hermana, pero pensé que me ibana retar si me veían con el colectivo", confesó.
Deambuló durante más de una hora por la ciudad del este, pasó frente a su amado Atlético Concepción y después se dirigió otra vez hacia la capital. Cuando luego de dar varias vueltas llegaba a la terminal un automovilista lo vio bien y se dio cuenta de que era un chico, por lo que llamó a la Policía. Hizo falta que dos motoristas se pusieran delante del micro para que "Tamalito" detuviera la marcha. Cuando los policías lo vieron bajar no lo podían creer. El se reía. LA GACETA ©